¡Nos duele Haití!
En este principio de año, la tragedia nos ha impactado a todos. Haití había pasado los dos últimos años intentando sobreponerse de las calamidades que la naturaleza le ha impuesto durante la última década. Recordemos las inundaciones sufridas en el 2007 que habían dejado unos 10 mil muertos y 132 mil damnificados.
Los medios de comunicación nos muestran sin cesar las imágenes de los estragos que uno de los terremotos más poderosos de la historia le ha causado a uno de los países más pobres del planeta.
Las acciones de solidaridad sobran, el mundo se está movilizando para ayudar al pueblo haitiano a sobreponerse de esta tragedia.
¡Las secuelas durarán años!
A las calamidades telúricas se suman las humanas. Al filo de este milenio este país (el más afro-latino) y Bolivia (el más amerindio) se disputaban el título de ser la nación americana con mayor índice de iletrados. Hoy, mientras Bolivia proclama un 100% de alfabetismo, uno de cada dos haitianos no sabe leer o escribir (o vive con menos de un dólar al día).
El pueblo de Haití es el que tiene menos acceso a la salud, educación y empleo de toda la región. Es el único país en el que varias naciones latinoamericanas mantienen tropas de ocupación, sin contar con los contingentes de cascos azules que allí se encontraban para ayudar al gobierno a resolver el grave problema de la inseguridad.
Esta nación afroamericana es hoy en día el eslabón más débil de las Américas. Pero ésta no fue siempre su realidad. En 1804 fue la primera nación en la que los esclavos rompieron las cadenas, accediendo al poder. Fue la primera república independiente de América Latina y negra del mundo. Haití tenía tantas riquezas que financió con armas y dinero las campañas libertadoras de Bolívar y Miranda a cambio de la abolición de la esclavitud en los territorios que fueran liberados.
Quizás haya llegado el momento de devolverles el favor y de ayudarlos a reponerse de tan dura prueba. Superada la urgencia del sismo, es indispensable que la comunidad internacional no olvide las necesidades de los haitianos. No sólo se trata de reconstruir ciudades sino un pueblo que había sido debilitado por la pobreza durante décadas. Como ciudadanos, estamos en la obligación de exigir que nuestros gobiernos los ayuden a salir adelante. Esperemos que de la conferencia ministerial de países amigos de Haití, que se desarrollará el 25 de enero en Montreal, surjan buenas ideas y proyectos concretos, con metas y cronogramas, que no todo se quede en el papel.
Mariela Cao
Redactora en jefe
Cette adresse email est protégée contre les robots des spammeurs, vous devez activer Javascript pour la voir.