PostHeaderIcon Colombia: Hacia un proceso de paz?

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Juan Manuel Santos reemplaza a Álvaro Uribe en la presidencia de la República de Colombia.  El antiguo ministro de la Defensa  sucederá a un jefe del estado carismático, que termina su segundo mandato con un 75% de aprobación pero con ciertas reservas: "Álvaro Uribe deja un país más seguro, pero más corrupto y con más desigualdad social", resume  "La Semana".

 

Asumió el poder con la promesa de terminar con la FARC, Álvaro Uribe, en sus dos mandatos, consiguió debilitar considerablemente la guerrilla narco- marxista, con  la ayuda de los EEUU.

Entre 2002 y 2010, los efectivos de los rebeldes habrían diminuido de 20.000  a 10.000 combatientes.  Varios de los altos dirigentes guerrilleros han sido muertos por las fuerzas armadas, deserciones masivas se han registrado este último tiempo, y  los más célebres secuestrados han sido rescatados por el ejercito.

Según datos oficiales,  la cantidad de homicidios habría disminuido de 50%, y los raptos han sido divididos por cinco.

"En 2002 no se podía ir de una ciudad a otra por la ruta sin arriesgarse a ser muerto o secuestrado. Hoy en día el gobierno ha recuperado el control del territorio nacional.

En el fin de su gobierno, Uribe presenta un crecimiento de 5% entre 2003 y 2007, inversiones extranjeras que han aumentado considerablemente.

El gobierno afirma haber logrado diminuir la pobreza de 55% a 45%.

Pero diversos escándalos han sacudido su gobierno, así la oposición lo acusa de haber debilitado las instituciones en nombre de la lucha contra la guerrilla. Como sus padres fueron asesinados por las FARC, se lo ha acusado varias veces de hacer de esta lucha un problema personal.

Uribe cambió la Constitución para poder ser electo en 2006.  Y esto, comprando votos en el Congreso.  Luego tentó, inútilmente, de reescribir la Carta Fundamental para poder ser reelecto este año, sin resultados, ya que fue prohibido por la justicia. Una justicia con la cual ha tenido constantes problemas este último año.

Con el asunto de la "para política", el Congreso ha sido totalmente desacreditado. Más de 60 parlamentarios, la mayoría del partido de gobierno,  han sido inculpados por sus contactos con los paramilitares, milicias de extrema derecha, asesinas y sanguinarias que sembraron la muerte y el terror en Colombia durante años.

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El gobierno es acusado, también, de haber utilizado los servicios de inteligencia para espiar ilegalmente magistrados, opositores políticos y  periodistas.

El ejército no consiguió escapar, tampoco, de los escándalos. Las acusaciones de violaciones de los derechos humanos son legión.

El escándalo más grave es el de los "falsos positivos": el asesinato, por el ejercito, de más de 2000 civiles inocentes. Es una historia increíble en donde el ejército presionado para obtener resultados no encontró nada mejor que matar ciudadanos que no tenían vínculos probados con los insurgentes, vestirlos de guerrilleros para presentarlos como éxitos del ejercito contra la guerrilla,  para poder aumentar las estadísticas.

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No se pierde la esperanza que en un futuro estos crímenes puedan ser juzgados por un tribunal internacional como crímenes de guerra, por que aunque el gobierno niegue su participación, es evidente que con su actitud las provocó, y luego protegió a los oficiales y soldados envueltos en los asesinatos.

Finalmente, numerosas son las ONGs que denuncian un aumento de la violencia en estos últimos dos años, principalmente en las zona rurales, en donde miles de familias son todavía expulsadas de sus tierras cada año.

Juan Manuel Santos asume el poder en medio de una crisis con Venezuela, provocada por su antecesor, a causa de los presuntos guerrilleros refugiados del otro lado de la frontera.

A raíz de estas acusaciones, Chávez movilizó tropas en la frontera,  estimando que su país está en peligro a causa  de  las intenciones "guerreras "de Álvaro Uribe. Santos, al contrario, ha tratado de apagar el incendio provocado por su antecesor.

"Haremos todo lo posible para mejorar nuestras relaciones con todos los países de la región, incluyendo Venezuela", declaró su vise-presidente Angelino Garzón.

Pero, a pesar de la declaración del vice-presidente, Chávez anunció que no participaría en la ceremonia de cambio de poder, estimando que el viaje sería  "demasiado arriesgado", siendo Uribe, según él, "capaz de cualquier cosa" antes de dejar el poder.

Al contrario de Chávez, el presidente ecuatoriano, Rafael Correa,  cuyo país había roto relaciones con Colombia durante 20 meses después del ataque ordenado por Juan Manuel Santos de un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano en marzo de  2008, será presente "sin olvidar el pasado".

"Jamás olvidaremos lo que pasó, y el hecho de que el señor Santos, presidente electo de Colombia, fue el Ministro de la Defensa que ordenó la operación, y que luego, inclusive se felicitó del éxito de ésta", declaró Correa.

El presidente ecuatoriano declaró que  aún así, deseaba relaciones "dirigidas hacia el futuro".

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Esta declaraciones fueron hechas al mismo tiempo que la justicia ecuatoriana confirmó el pedido de extradición hacia el Ecuador de Juan Manuel Santos por su responsabilidad en el ataque de 2008.

La continuación de la lucha contra la guerrilla, que cuenta en sus rangos entre 7.500 y 10.000 combatientes, fue una de las principales promesas de campaña de Santos.

La pregunta que todo  el mundo se hace en Colombia es en qué cambiarán las cosas  con este "nuevo" gobierno. Si la corrupción, las injusticias y los asesinatos continuarán bajo el apoyo tácito del gobierno, o si existe alguna posibilidad de encaminarse hacia un verdadero proceso de paz en el país.

Mientras se mantengan las mismas características del gobierno anterior, mientras el pueblo colombiano no tenga más educación y justicia social, mientras las FARC mantengan sus posiciones y no se den cuenta que su lucha no es una lucha, sino que simplemente han convertido jóvenes campesinos en simples criminales, porque, ¿qué aceptación internacional tendría en el mundo un gobierno dicho "revolucionario", que financia sus actividades con el narcotráfico, el rapto, y todo tipo de actos criminales? ¿Qué moral pueden tener los líderes rebeldes para gobernar un país si en cuarenta años de lucha solamente han causado muerte y destrucción?

Para que Colombia pueda encontrar el camino de la paz, habría que realizar una inmensa limpieza interna, pero existen grandes dudas que este gobierno sea capaz de eliminar los grupos paramilitares, los excesos de la derecha, la corrupción institucionalizada.

Que sea capaz de juzgar a los culpados de la muerte de tantos inocentes "falsos positivos", crímenes hediondos que no tiene justificativa.

Que consigan dialogar con la guerrilla para acabar definitivamente con un cáncer que está destruyendo el país, antes que se declare la metástasis.

Sólo así el gobierno colombiano podrá cumplir con sus promesas y el principal deseo de la población: vivir en paz.

 

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