PostHeaderIcon Reciclado Mundial: Sobre el Policentrismo o de las nuevas relaciones de fuerza

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Reciclado-400El renacimiento económico exponencial de China y el sorpresivo y novedoso desarrollo de algunas regiones como América latina y el sur de Ãfrica, constituyen mutaciones en la historia reciente de las relaciones de fuerza internacional. Cambios de esta envergadura son sólo comparables con la metamorfosis sufrida por el planeta tras la revolución industrial.

 

Estamos en presencia de un fenómeno de emergencia potencial de la denominada “periferia capitalistaâ€. Los centros de influencia tradicionales (Europa y Estados Unidos a la cabeza) están perdiendo su poder de atracción y los “márgenes del mundo†se erigen en proto-unidades culturales que desafían la hegemonía cultural impuesta por más de tres siglos.

Esta tendencia hacia un mundo policéntrico sigue un camino constante que provocará transformaciones estructurales en las relaciones diplomáticas.

Dejando de lado las particularidades, y entendiendo que no pueden ser homologadas las diferentes trayectorias históricas de independización sin caer en reduccionismos, hay que decir que esta “evolución†es particularmente evidente en China e India. Estos países -que juntos albergan casi a la mitad de la población mundial-, han visto multiplicar su producto bruto interno (PBI) y, por consiguiente, sus habitantes han incrementado su poder adquisitivo en el marco internacional. Brasil (el 4to gigante) ha triplicado su PBI pasando de 3.500 a 9.000 dólares por habitante en los últimos 10 años. Lla deuda de nuestros hermanos cariocas sigue siendo con la distribución equitativa de la riqueza, déficit estructural de la región.

¿Qué significa todo ésto? Pensémoslo un poco. El mundo tal y como lo conocemos es el resultado de una visión eurocéntrica, construida por las grandes potencias marítimas a partir del “descubrimiento†de América. Esto no tiene que ver con una valoración política o ideológica: el meridiano “cero†no pasa ni por Shangai ni por Buenos Aires, sino que pasa por Greenwich (Reino Unido), demostración de cómo el mundo es erigido desde una visión centralizada en el viejo continente. El mapa del planeta representa el mundo de intereses económicos y de colonización cultural llevado a cabo por las potencias europeas desde el siglo XVI.

Solemos olvidar que a lo largo de la historia coexistieron dos “mundos†globalmente comparables en desarrollo cultural y tecnológico. Por un lado Occidente, que delimitaremos como la zona de intercambio atlántico-mediterránea, con origen greco-latino. Por el otro Oriente, o sea, Rusia, el Imperio Otomano, China (una generalización que habla de la visión nefasta que construye Europa de todo lo que no es "ella"). En efecto, fue en el período que va desde el siglo XIX y hasta la caída del muro de Berlín, que Occidente amplió su dominio sobre el mundo. Hay que recordar que las jerarquías (tan naturalizadas) han sido instituidas a partir de la primera revolución industrial. La “división internacional del trabajo†era la forma elegante de nombrar ese proceso de fragmentación y divergencia que dividió el mundo entre “países desarrollados†y el “tercer mundoâ€.

Países como los nuestros (aunque en muchos aspectos Argentina, Uruguay y Japón constituyen una excepción), eran integrados en la lógica económico-disciplinaria de los centros imperiales como componentes subalternos de un sistema de intercambio. La economía mundial exigía una organización coercitiva para los países periféricos, dotados de las materias primas necesarias para las nuevas metrópolis.

En la actualidad, el movimiento ascendente de la periferia, es acompañado por un proceso de independización regional (la UNASUR es un ejemplo emblemático). El desarrollo económico de estas nuevas regiones alcanzaría el 60% del PBI mundial para el 2020, lo que se traducirá necesariamente en una mayor autonomía política.

¿Entonces? Nos encaminamos hacia un sistema internacional descentralizado, con una multiplicidad de polos culturales y de influencia regional. Desde el punto de vista histórico, este proceso es inédito y aparece como el resultado inevitable de la profundización del modelo capitalista de desarrollo económico. Al mismo tiempo que el capitalismo dio lugar a la primer gran divergencia internacional, es el avance de dicho modelo el que siembra los cimientos del fin de un ciclo de más de dos siglos de eurocentrismo.

La escalada de nuevas potencias industriales pone punto final a una estructura histórica de distribución de la riqueza y de administración coercitiva y colonial de los recursos planetarios.

Una nueva diplomacia se está gestando: la inoperancia de los organismos creados tras la segunda guerra mundial (ONU, OTAN, Banco Mundial, G7, etc.), exige una evolución que refleje una nueva realidad. El verdadero desafío es revisar las categorías mismas con las que nos referimos a este nuevo proceso. ¿Es indispensable hablar de “relaciones de fuerza� ¿Tiene que haber un gerente planetario? ¿Es posible pensar en una administración mundial cooperativa? ¿Cómo construir consenso internacional sin atentar contra la libertad de cada pueblo de vivir según sus tradiciones? ¿Hasta dónde puede ser puesta a prueba la tolerancia?


Juan Marcos

 

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