Reciclado Mundial: La ignorancia y el egoísmo de los dueños de la crisis
Nadie hubiera pensado allá por el 2008 que la elección de un joven senador negro a la presidencia de los Estados Unidos quedaría eclipsada por una serie de acontecimientos que, de a poquito y con la paciencia del elefante, fueron desterrando cualquier ápice de esperanza sobre el devenir. De un tiempo a esta parte, cualquier expectativa en relación al futuro, fue reemplazada por desconcierto, incertidumbre y sorpresa. El destino de un tercio de la humanidad fue puesto en jaque por una fuerza cuasi sobrenatural que sobrepasaba cualquier resistencia y que estaba preparada para poner de rodillas y con las manos alzadas a un planeta: ¡la Crisis!
Muchas veces minimizada, la crisis representa una fuerza devastadora que sacude un modelo económico, social, ecológico, político. Sin embargo, la crisis también abre una grieta en la construcción de un discurso único de desarrollo que, después de veinte años, se encuentra frente al enorme desafío de reinventarse e interpretar las nuevas configuraciones a las que, paradójicamente, su propia dinámica dio lugar.
Repasemos rápidamente. A principios del 2008, el aumento loco del precio de las energías empezó a hacer tambalear el edificio de certitudes económicas que pregonaba todo gurú del mercado. Como coletazo político, estas fluctuaciones del mercado favorecían a países como Irán, Rusia y Venezuela, adversarios diplomáticos de la Comunidad Internacional (de buenas costumbres y malos hábitos).
Fin del 2008, el barril de petróleo a 150 Dólares. Mientras tanto, esa maldita crisis de “confianza” que había brotado en Nueva York, provoca la abulia crediticia y la parálisis en la demanda global, o sea, la de la globalidad de la Comunidad Internacional. En síntesis, especulación financiera, miedo crediticio, inseguridad jurídica y un nuevo terrorismo: el desempleo (nunca tan elevado en los jóvenes).
Frente a este marco desolador, uno podría pensar que los líderes del mundo irían a consensuar criterios para encausar un modelo que empezaba a sangrar. La hemorragia interna del standard de supervivencia, el desmantelamiento paulatino de todo beneficio democrático y la idea naturalizada de un mundo que sólo puede empeorar, se hacen presentes en suelo primermundista por primera vez en más de 60 años. Sin embargo, el libre mercado seguiría siendo considerado el credo oficial de la democracia mundial. Para los liberales, una dosis de Keynesianismo matizado por burbujas ideológicas. Para los gobiernos presumidamente de izquierda, como los de algunos países latinoamericanos, cintura diplomática, violación del protocolo y reiteración mecánica de un modelo funcional al capitalismo administrado. La buena noticia es que los muertos se acumulan en horizontes distantes, no? ¡Sálvese quien pueda!
Mientras tanto, unidos en congresos del G7, G8 o G20, los grandes economistas del mundo no logran prever ni lo que sucederá en un mes. No saben qué datos son pasibles de ser considerados infalsables para construir una teoría práctica de intervención programática. Sin embargo, algunas previsiones de hace 30 años como el alza de refugiados climáticos o la pérdida de 10.000 km2 de bosque amazónico por año, sí se confirman. No hay más ciego que el que no quiere ver.
Un nuevo mundo emerge como reflejo condicionado de la crisis. Un mundo con nuevas relaciones de fuerza internacionales, con nuevos desafíos energéticos, con nuevos conflictos y con nuevas regiones de influencia ideológica. ¿Cómo interpretar y aprehender estos fenómenos?
En futuras entregas de “Reciclado Mundial” intentaremos suministrar informaciones para repensar este mundo en el que estamos condenados a crecer. Un mundo donde las garantías en relación al futuro se han desvanecido. Un mundo donde toda una generación de jóvenes se sabe depositaria de una tarea ardua de reconstrucción de nuevos valores y de reglas de juego más equilibradas.





