Nadie hubiera pensado allá por el 2008 que la elección de un joven senador negro a la presidencia de los Estados Unidos quedaría eclipsada por una serie de acontecimientos que, de a poquito y con la paciencia del elefante, fueron desterrando cualquier ápice de esperanza sobre el devenir. De un tiempo a esta parte, cualquier expectativa en relación al futuro, fue reemplazada por desconcierto, incertidumbre y sorpresa. El destino de un tercio de la humanidad fue puesto en jaque por una fuerza cuasi sobrenatural que sobrepasaba cualquier resistencia y que estaba preparada para poner de rodillas y con las manos alzadas a un planeta: ¡la Crisis!