La odisea - encontrar un apartamento en Ginebra
Érase una vez una joven, recién graduada, a la cual fue propuesta un fabuloso empleo en Ginebra. Al principio vivía en un sótano remodelado para habitarlo decentemente. Había un ruido espantoso de conductos de agua que transitaban por el medio del cuarto y perros que no paraban de ladrar. Ni hablar de los ratones en la cocina. Así que empezó con la búsqueda de alojamiento, creyendo que no sería más difícil que en Caracas, Sydney o Lugano. Resultó ser peor!
Tuvo que cumplir con los requisitos para solicitar un apartamento: las tres últimas fichas de salario y una “attestation de non pursuite”, certificado oficial que demuestra que el titular no ha sido demandado por falta de pago, y hasta una carta de recomendación. Luego de múltiples candidaturas sin éxito, aunque cumpliendo con todos los requisitos, decide aceptar los servicios de un agente inmobiliario, alias “el que resuelve”, recomendado por una amiga. Nada más lejos de la realidad, resultó ser un estafador, cobrando 1000 francos y no cumpliendo con lo acordado. La joven lo amenaza con un abogado y el estafador le devuelve 60% del adelanto.
Desesperada por encontrar las propias cuatro paredes, decide dejar panfletos en el barrio deseado solicitando apartamento y proponiendo 500 francos a quien se lo facilite. Un interesado se reporta, mostrando una vivienda apta pero algo sobrevaluada. Su intuición la lleva a verificar el otro nombre que estaba en la puerta de la vivienda apenas arrendada, utilizando internet. Sorpresa, acaba de entrar en un nido de serpientes, pues el arrendador resultó ser un vivo que cobraba el doble del alquiler oficial y ella era la tercera persona en alquilar el apartamento al mismo tiempo.
Como Abraham Maslow captura en su teoría jerárquica de la psicológica motivacional humana, el “tener un techo sobre la cabeza” es una de las necesidades básicas de seguridad del hombre. En Ginebra, la demanda sobrepasa la oferta, unas 1700 personas se encuentran en búsqueda de un piso y sólo se liberan unos 100 al mes, con un alquiler de hasta 50% más alto en comparación con otros cantones.
Esto da pie a muchos oportunistas que intentan sacar provecho de la necesidad de los demás. Se aconseja no involucrarse en contratos de sub-arrendamiento y de ser el necesario, asegurarse que éstos cuentan con el aval de la inmobiliaria o el propietario. El asociarse a la ASLOCA (asociaron ginebrina de inquilinos), puede ayudarles, son asesores jurídicos especializados y sus consejos son muy valiosos por tan sólo 70 francos anuales de membresía.
Katherine Portmann





