El sufragio universal en Ginebra: una construcción permanente
El 7 de diciembre de 2009, el Presidente del Consejo de Estado François Longchamp pronunció el “discurso de San Pedro”. Este discurso determina la acción del Gobierno durante los 4 próximos años. Es llamado “de San Pedro”, porque se pronuncia a la catedral San Pedro.
Esto se hace desde hace exactamente 700 años. En 1309, por primera vez, el pueblo ginebrino se reúne en la catedral para elegir al que llevará las riendas de la ciudad en todo los asuntos no religiosos.
Anteriormente, el obispo tenía las llaves del poder en Ginebra - representadas hoy en día en la bandera de Ginebra.
En 1387, el obispo Adhémar Fabri ratifica la autonomía política de los habitantes de la ciudad. Pero no es sino hasta 1536, cuando Ginebra vota la Reforma y que Calvino llega meses más tarde, que esta autonomía política pasa a ser muy simbólica. La Iglesia extiende sus prerrogativas sobre muchos ámbitos. Los elegidos lo son prácticamente de manera vitalicia. Siempre pertenecen a las mismas familias.
Será necesario esperar hasta el año 1841, en el que tuvo lugar un levantamiento llevado por el radical James Fazy para obtener el sufragio universal. Fazy tomará el poder en 1846 y redactará la constitución que concede también el derecho de voto a los beneficiarios de la asistencia social: ¡un 10% más de electores en Ginebra! Pero es sólo en 1961 que los ginebrinos le conceden el derecho de voto a las mujeres. Mucho después de Nueva Zelanda (1893) o Turquía (1930). Pero un poco antes de Suiza (1971) y Liechtenstein (1984).
En abril de 2005, el pueblo ginebrino le concede el derecho de voto a nivel comunal a los extranjeros domiciliados en Suiza desde hace 8 años. El derecho a ser elegido es rechazado por una pequeña diferencia. Esto estuvo originado por las iniciativas “aquí vivo, aquí voto”, de los representantes del PDC y el PS, pero sobre todo gracias al radical Pierre Maudet y el verde Antonio Hodgers. La Asamblea Constituyente actualmente se encuentra discutiendo sobre el derecho al voto de los extranjeros a nivel cantonal, como en Neuchâtel.
El reciente voto sobre los alminares o minaretes, nos recuerda que las religiones a menudo han sido discriminadas, en Suiza y en el mundo. Particularmente, los Judíos. En 1857, James Fazy ofreció un terreno para construir la gran sinagoga. El entonces diputado Jules Vuy se da cuenta de que los Judíos no siempre tenían el derecho al voto. La ley se modifica rápidamente, y los Judíos de Ginebra obtienen simultáneamente un lugar digno para sus cultos y el derecho al voto.
Bernard Favre





