Contrato de integración, solución o intimidación?
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"¿Qué sería Suiza sin los extranjeros? ¿Qué sería, sin ellos, Ginebra hoy en día?" se interroga Denis Etienne en el editorial de la Tribune de Genève del viernes 17 de mayo, sobre la aplicación de un contrato de integración en Ginebra, como se hace ya en Zurich y Bâle.
"Pero más allá de las buenas intenciones, están los recién llegados que desgarran el tejido social. A preguntarse realmente si hay que, desde ahora, proponer un contrato de integración; proponemos esto, usted acepta esto otro, sino " bye-bye"", continua Denis Etienne.
Visto como una solución a los problemas dependientes de la emigración, inscrito en la ley Federal sobre los extranjeros que entró en vigencia en Enero de 2008, el contrato de integración es considerado ser un nuevo instrumento para incitar a los emigrantes no europeos a integrarse en Suiza. Firmándolo, el emigrante se compromete a aprender una de las lenguas nacionales, condición principal para poder obtener un permiso de residencia. Si los cantones "romands", de los cuales Ginebra y Vaud, son escépticos, Bâle-Ville, Bâle Campagne, Soleure, Argovie y Zurich fueron los primeros a aceptarlo. Saint-Gall lo aplica hace seis meses y Berna piensa también en adoptarlo.
La Haute Ecole spécialisée du Nord-Ouest , estudió 240 contratos de integración firmados entre Avril y agosto de 2009 en los cantones pioneros. Este trabajo define el contrato como un instrumento útil, pero que es necesario mejorar. Cada Cantón tiene la posibilidad de escoger si aplica este contrato o no, y la forma de hacerlo. Si el aprendizaje de la lengua está en el corazón de todos los modelos, no es el único criterio de integración. Así, Bâle-Ville hace firmar los contratos a los emigrantes ya establecidos en el Cantón y prolonga el permiso de estadía si aprenden el alemán, no tienen antecedentes penales o deudas. En Argovie, sin embargo, el contrato se le ofrece únicamente a aquellos que acaban de llegar y otros criterios de integración son tomados en cuenta. Estas diferencias entre los cantones en la aplicación del contrato han creado un problema en términos de igualdad de oportunidades. El estudio recomienda a los Cantones de determinar criterios de evaluación comunes, que habría que inscribir en la ley federal para armonizar la aplicación del contrato a nivel nacional.
El contrato no está adaptado a todos los emigrantes. Solamente dos grupos deben presentarse a este examen; los emigrantes que viven en Suiza y que todavía no hablan una de las lenguas nacionales y no trabajan, y los extranjeros que acaban de llegar y que representan un riesgo.
Eva Tov, responsable del estudio, lamenta que sólo se refiere a países fuera de la Unión Europea. Según ella, habría que invitar a todos los emigrantes a una primera entrevista. A partir de esta entrevista, las autoridades decidirían a quiénes aconsejan de seguir un curso de idioma y a quién sería obligatorio de firmar el contrato.
El estudio pide a las autoridades de explicar mejor a los extranjeros los criterios de integración. Por que estos últimos no siempre entienden los que se espera de ellos. El informe no dice cuántos de los 240 emigrantes que firmaron un contrato de integración obtuvieron un permiso o fueron expulsados, ni si estos contratos son eficaces. Los cinco cantones pioneros prometieron que seguirían los consejos del estudio de la mejor forma posible.









