PostHeaderIcon Crisis en la OMC puede afectar la Ginebra Internacional

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Actualidad - Diplomacia y Relaciones Internacionales

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En entrevista para la Tribune de Genève, Pascal Lamy, (foto) director de la Organización Mundial del Comercio (OMC), reconoce  el impasse en el cual se encuentra el Ciclo de Doha. Un fracaso tendrá consecuencias directas sobre Ginebra y Suiza.

 

El Director reconoce que esta crisis podrá afectar durablemente a la organización, que no jugaría más que un papel secundario de vigilancia. Esto significaría un duro golpe para la Ginebra Internacional, y esto justo cuando, después de la votación de septiembre 2009, la OMC está en plenos trabajos de reforma en el momento en que su estatuto es incierto.

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Pascal Lamy ha hecho todo lo posible estos últimos días para tratar de hacer avanzar las negociaciones sobre la liberación de los intercambios comerciales.

Ayer, en el Centro William Rappard, Pascal Lamy confirmó la existencia de un abismo entre los países miembros, sobre la cuestión de la baja de derechos de aduana para los productos industriales. El Director General se ha dado como plazo hasta las fiestas de Pascua para tratar de resolver las diferencias abismales que separan, especialmente, a Estados Unidos, China y Brasil.

Para Remigi Winzap, el jefe del sector OMC del Secretariado de Estado de la Economía  (SECO), la organización internacional juega su credibilidad  sobre los acuerdos de Doha: "Si no conseguimos concluir este ciclo, la OMC continuaría funcionando según la base de los acuerdos de 1944.  Ello arriesgaría de perder su influencia en este mundo del siglo XXI. La OMC  debe poder hacer frente a nuevos desafíos, principalmente sobre el clima, la energía o las inversiones".

Además, las principales potencias económicas podrían estar tentadas de aprobar leyes que derogan  los acuerdos de la OMC  por razones de política interior, con un mayor riesgo de desacuerdos comerciales costosos.

Esta perspectiva le da impulso a Pascal Lamy para doblar sus esfuerzos para convencer, durante encuentros individuales con las delegaciones, los países más recalcitrantes.

A pesar de los esfuerzos de Lamy, el Ciclo de Doha  corre el riesgo de terminar en un tremendo fracaso y arrastrar en su caída a la OMC, que muchos ya consideran como una organización moribunda.

 

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Jean-Pierre Lehmann (foto), profesor en la IMD y fundador del Grupo de Evian, que defiende un mercado más abierto, es de aquellos: "La OMC es como la Sociedad de las Naciones en los años 30. Salvo cataclismo, existirá siempre, pero sin ningún poder. Una especie de fantasma, una concha vacía que continuará con sus funciones de vigilancia y de árbitro durante los conflictos comerciales".

Esta perspectiva tendrá consecuencias directas sobre Ginebra. La OMC emplea cerca de 750 personas y prevé de acoger 250 más en los próximos años, según el artículo de la Tribune de Genève. Se trata, por otra parte, de la principal razón de los trabajos sobre el sitio.

El fracaso de Doha no sólo afectaría a los colaboradores, sino también a los cientos de representantes de delegaciones nacionales. Según Jean-Pierre Lehmann, la Unión Europea ya habría comenzado a reducir la importancia de su representación. Cuanto a las ONG, cuyo nombre de empleados es más modesto, serían menos afectadas por una perdida de influencia de la OMC.

Según Remigi Winzap, Suiza estaría entre las víctimas del callejón sin salida en que están  las negociaciones: "En un escenario de fracaso, Suiza no podría aprovechar las reducciones tarifarias en los campos industriales y ninguna apertura para los servicios, que contribuyen en 73% del PIB  suizo. La presión hacía una apertura más grande del mercado agrícola suizo no cesará, principalmente en el cuadro de la negociación de acuerdos de libre comercio con los grandes países emergentes (BRIC)".

Dentro de dos semanas, los 153 países miembros recibirán nuevos textos de compromiso. Después de Pascua, una visión de conjunto de las zonas de conflicto será posible para decidir de las próximas etapas de la continuidad de las negociaciones", espera Pascal Lamy.

¿En qué consiste Doha?

Doha, además de ser la capital de Qatar, es donde, dos meses después de los atentados del 11 de Septiembre en Nueva York,  se tuvo una conferencia ministerial encargada de re-dinamizar el comercio internacional.

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Objetivo de este nuevo Ciclo: liberalizar los intercambios en los dominios de la agricultura y de los servicios. Las negociaciones preveían también acuerdos sobre los derechos de aduana aplicables a otros productos además de  los agrícolas, así como en  dominios como medidas antidumping y las subvenciones, las inversiones, la política de la competitividad, la facilitación de los intercambios, la transparencia de los mercados públicos, y la propiedad intelectual, así como diversas cuestiones levantadas por los países en desarrollo, relativas a las dificultades que encuentran para colocar en obra los acuerdos actuales de la OMC. A pesar de todos los esfuerzos, Doha acababa en un fracaso, en 2006.

La crisis financiera, y después la económica de 2008 y 2009, interrumpieron el proceso, siendo la quien tomó ventaja sobre los intercambios comerciales.

Hoy en día, a pesar de la recuperación de la economía mundial, Doha continúa bloqueada a causa de  actitudes proteccionistas, y del enfrentamiento entre países emergentes y las potencias, que tienden a utilizar todo tipo de artimañas para proteger sus economías locales, estableciendo un verdadero desequilibrio, unos queriendo el máximo de abertura posible en el comercio mundial para sus productos, pero al mismo tiempo cerrando sus economías en actitudes proteccionistas inaceptables para proteger sus economías todavía convalecientes de la última crisis mundial, como China y EEUU.

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Finalmente es una cuestión de justicia: lo que es bueno para uno, debería ser para todos, pero desgraciadamente no es así que funciona la cosa. Todavía estamos atados a actitudes infantiles que paralizan el avance de la justicia y del equilibrio; todavía existen demasiados dueños de la pelota, que aceptan jugar cuando el reglamento los favorece, en caso contrario, se llevan la pelota para la casa y nadie juega, sin importarles las consecuencias.

Por cierto, jamás, desde hace siete años, los negociadores habían estado tan cerca de un acuerdo, gracias a la habilidad de Pascal Lemy, que sacó de su sombrero no una varita mágica, como en Hong Kong en 2005, si no un texto de propuestas casi consensuales. Excepto que en el último momento, indios y chinos dijeron que no, exigiendo nuevas protecciones en el dominio agrícola, siendo negado por una negociadora norteamericana inflexible.

Resultado: la incapacidad de los tres gigantes de ponerse de acuerdo sobre un sujeto hipertécnico (la cláusula de salvaguardia), reveló sobretodo la extensión de la fractura entre los países industriales y los emergentes. Los primeros reclaman, en efecto, a los segundos, las bajas de aranceles aduaneros a cambio del abandono de sus subvenciones agrícolas. 'Les corto mis ayudas a mis productores de algodón pero a cambio abres tu mercado automóvil o de la soja...'

"Este tipo de trueque funcionaba perfectamente cuando el comercio mundial se resumía en batallas tarifarias entre países ricos. Pero, hoy, ya no son más la Unión Europea y los Estados Unidos los que llevan el baile", observa Anne-Marie Idrac, secretaria de Estado en el Comercio Exterior.

 

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