PostHeaderIcon Saber ganar; saber perder

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Actualidad - Deportes
El domingo pasado, España logró su quinta Copa Davis de tenis.

Al mismo tiempo, Argentina perdía su tercera final intentando obtener dicho trofeo por primera vez en su historia.

Y siendo honestos, a pesar de que disfrutamos de un muy buen partido de tenis entre Del Potro y Nadal, lo mejor que se vio sucedió una vez que finalizó el encuentro.

 

Allí se pudo testimoniar la verdadera esencia del deporte por el deporte mismo.

Ese deporte que ha quedado escondio, enterrado y encandilado por las fortunas económicas que desvirtúan el real sentido de la competencia.

Ese espíritu que hace que los niños comiencen a realizar una actividad deportiva por el simple placer de hacerlo, pero que los padres nos encargamos de desvirtuar, presionando, obligando y oprimiendo física y mentalmente a nuestros hijos para que sean las estrellas del futuro... pensando más en asegurar nuestro propio futuro que en el de los pequeños.

Pero el domingo, a través de los encegecedores flashes pudimos ver otra cosa, algo que todos pensábamos que se había perdido, pero que por suerte todavía está vivo.

Luego del último y definitivo punto, por el cual Argentina perdía una nueva oportunidad de acceder al máximo escalón mundial del tenis, un Del Potro abatido física y moralmente se acercó a la red para felicitar a su rival.

Mientras todos los jugadores españoles entraron al terreno a festejar su nuevo triunfo, Nadal se escabulló de esta maraña roja y fue directamente a saludar y, por qué no, a consolar a quien había derrotado unos intantes antes.

Pero no se quedó allí.

Antes de volver al festejo, Nadal se dirigió al banco de los argentinos y saludó uno tras otro a todos los integrantes de la delegación albiceleste.

Hay algo que el dinero y sus mercaderes nunca van a poder comprar. Y eso se llama dignidad.

Esta es una virud que siempre debería tenerse presente. A la hora de ganar y también a la hora de perder… algo que cada vez nos cuesta más.

El tiempo pasará y las estadísticas –perversas damas atemporales que están allí para meter siempre el dedo en la llaga- nos recordarán el resultado.

Luego de un fin de semana siguiendo a una pelotita amarilla pasar de un lado al otro de la red durante horas, elijo quedarme con la última imagen. Esa que ya no se ve en el cine: un final feliz.

 

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